viernes, 18 de febrero de 2011

EL PARQUE DEPORTIVO
El más preciado regalo que recibió Ibagué después de cumplirle al país con los  ix Juegos Deportivos Nacionales en 1970 fue el Parque Deportivo.  Sus 44 hectáreas lo hacen un espacio ideal para las prácticas deportivas y su inventario de flora y fauna lo muestran propicio para la lúdica y el descanso.
Hasta ahí todo es poesía. Este escenario que los turistas envidian por su ubicación, espacios y paisajes y que a  nuestros gobernantes y dirigentes poco les importa, requiere de un cambio extremo y de una gran inversión,  para mostrarla como una opción de  turismo, recreación y deporte para el departamento.
A lo largo de estos cuarenta años de historia, el parque ha sufrido un deterioro físico y estructural en sus escenarios deportivos. De resaltar  la gestión como gobernador de  Guillermo Alfonso Jaramillo, la intensión de recuperar este importante escenario, que se vio empañada por la negligencia y desidia de la mayoría de los contratistas: Prueba de ello son sus porterías. El velódromo que finalmente terminó siendo un elefante blanco, porque no presta la utilidad para el que supuestamente fue recuperado.  Las piscinas de olas como  atractivo central,  para  poder entregarlas al servicio del público, debieron recibir una limpieza especial y unas adecuaciones técnicas específicas. Las canchas de fútbol las de mayor demanda, poco o nada reciben mantenimiento.  
Las canchas de tejo totalmente Subutilizadas. El cuento chino del Bioparque. No entendí por qué Comfenalco teniendo terrenos en Picaleña, decidiera exhibir algunas especies de  micos y una que otra variedad de serpientes y aves, en el corazón del parque y que a la postre terminó como un espacio en ruinas y descuidado. Su poda la hacen de cuando en cuando,  los equinos de la Policía Nacional.
En las reformas que se hicieran en esa época, no debió construirse la biblioteca virtual porque es un elefante gris. Ni es virtual, ni es biblioteca. Las canchas de tenis no se encuentran adecuadas como Dios manda. Las pistas de patinaje y bicicross cuentan con el padrinazgo en obras menores y mejoras,  de los padres que agradecen las bondades que la práctica de estos deportes, tiene en la calidad de vida de sus hijos.
Tampoco comparto la adecuación que se hiciera para el  Centro del Adulto Mayor. Riñe  con la filosofía y propósitos del Parque. Las personas mayores, requieren otro tipo de espacios, con elementos y equipos especiales  que permitan la práctica de actividades a fines con sus condiciones y expectativas de esparcimiento, entretenimiento y descanso en cada caso específico.
El grupo de vendedores que tienen asiento en este centro deportivo, se compone de tres o cuatro familias donde casi todos sus miembros tienen un puesto o módulo de ventas y por circunstancias politiqueras son inamovibles. Ni que decir de los líderes comunales que reclaman puerta franca para visitar estas instalaciones, sin contraprestación alguna.
Pero lo más triste de todo es ver en algunas zonas del parque  el almacenamiento de las estructuras del alumbrado público de Infibagué, varios vehículos que se pudren sembrados en los alrededores de la pista de bicicros, desdibujando cualquier propósito de preservación y cuidado del medio ambiente.
Propicia la oportunidad para recomendarles a los senadores Guillermo Marín, Juan Lozano, Mario Laserna y a todos los que han obtenido el favor del voto en la ciudad, que son necesarias las sinergias para alcanzar recursos del orden nacional y contribuir con un megaproyecto  deportivo y ecológico y materializar promesas y compromisos con sus seguidores en esta zona del país.
Ojala esta nueva ola de políticos que se exhiben como innovadores, haya uno o dos que pongan sus ojos en el Parque, no para utilizarlo como bandera de campaña,  sino para que desde ya sus equipos de campaña y asesores temáticos consoliden una propuesta seria y coherente, como por ejemplo que  se transforme en una empresa del Estado,  que estructure presupuesto, recursos, costos y gastos  conforme su naturaleza jurídica. Que  se  muestre a los tolimenses como un ente generador de empleo, motivador de una dinámica deportiva-empresarial y ecológica para la región, en orgullo de los ibaguereños y para que se  visione como un  legado para las generaciones venideras.

viernes, 11 de febrero de 2011


¿SI LA SAL SE CORROMPE?
Por: Laura Inés Castro Cortés
A finales del año ochenta y ocho, hice mi tesis para optar el título de Contadora Pública en la Alcaldía de un municipio del norte del Tolima. En ese entonces pude presenciar un acto de corrupción entre el arquitecto que en esa fecha realizaba obras en el matadero de la localidad y el Contralor  de dicho municipio.
Cada ocho días viajaba con mi compañera de tesis, y en el área contable y financiera de dicha Alcaldía, hacíamos los trabajos pertinentes a una investigación académica. Al finalizar la jornada de un día sábado, el Alcalde y el Contralor con otro grupo de amigos, nos invitaron a un restaurante cercano para disfrutar de un almuerzo. Ya en el lugar pudimos observar como el arquitecto a quién ese día le habían pagado parte de la obra,  con carriel al hombro se fue con  el contralor al área de baños y  allí le entregó un gran fajo de billetes. Cuando mi compañera le preguntó al personaje, ¿de qué recibía plata? Él le contestó: “el sueldo de nosotros sólo alcanza para los dulces”.  Siendo imaginativos podemos deducir que una vez recibida la plata, la repartía con el Alcalde y sabe Dios con quién más.
Así las cosas,  ¿qué esperanzas podemos tener los colombianos frente a los entes de control que deben estar atentos, alertas y dudosos frente a las contrataciones y negociaciones que el Estado lleva a cabo? Han pasado muchos años después de ese episodio y en tiempo presente la situación es igual, basta presenciar el seriado en que se convirtió “El cártel de la contratación en Bogotá” y dónde el Contralor, carga a cuestas el señalamiento de que pedía comisión del 2% sobre los millonarios contratos de obras que adelanta la Capital de la República.
Que en las audiencias del caso los contratistas del Grupo Nule tilden de extorsionistas al Alcalde Samuel Moreno y a su hermano Iván, para nada sorprende. Maña vieja no es resabio. Pero que la cabeza del ente que debe controlar y vigilar que todo se haga con apego a la ley, esté involucrado como uno de los malos de la película, da mucha tristeza, pues es presenciar  cómo se corrompe la sal.
Si los profesionales que negocian con el Estado rompieran el código de silencio al que se someten cuando les son otorgados  los contratos, de seguro la gran mayoría de alcaldes,  gobernadores y contralores en el país, que utilizan la odiosa práctica del 2%, 6%,  15% o 20% sobre la contratación que asignan,  serían investigados como manda la ley, por las otras ías –Procuraduría y Fiscalía-  que al parecer  nada saben, nada sospechan, nada investigan y cuando les llegan las denuncias las archivan por falta de pruebas o porque pueden más los padrinos políticos del momento.
Lo que pasa en Bogotá, sólo se diferencia del resto de ciudades en el país,  por el valor  de los contratos, porque las mañas y las maneras de camuflar, utilizar testaferros y llevarse los pesos para convertirlos en dólares y situarlos en paraísos fiscales en el exterior, es una practica  normal y usual de la gran mayoría de gobernantes en el país.
Pero una cosa si es cierta, tanta facilidad de información, variedad y opciones de  comunicación, están resultando nocivos para los corruptos. Ahora es muy difícil mantener un secreto, y las contrataciones, sus valores y beneficiarios en todos los sentidos, están siendo auscultados por quienes jamás cohonestarán con la práctica maldita de desfalcar las arcas sagradas del Estado y poco a poco irán cayendo. No hay mal que dure mil años, ni Estado que lo resista.