“Jóvenes a lo bien” es un programa, establecido por la Dirección General del SENA y la Policía Nacional , su principal objetivo es el de comenzar un proceso de formación en el área de Emprendimiento en los sectores socialmente más deprimidos en el Tolima. Se comienza con aproximadamente 200 personas de los barrios Cerro Gordo y el Arado en Ibagué. Además se complementa con actividades lúdicas y recreativas. Después de realizado el programa que tiene una duración de tres meses, los participantes reciben su respectiva certificación y simbólicamente el pasaporte para un reintegro digno a la sociedad.
A propósito del programa y como un testimonio vivo de la meta alcanzada, se escuchó a través de diferentes noticieros radiales, la entrevista que concedió Luz Marina Salguero una mujer que no pasa de los 48 años, según ella madre de 16 niños y niñas, cosa que no creo, más bien lo dice para justificar y reclamar que a falta de políticas de Estado, llámense educación, empleo, recreación, vivienda digna entre otros, ella no ha tenido más opción que dedicarse a ser la maestra del delito para sus hijos, entre los que se cuentan bebés de dos meses, hombres y mujeres de 25 años y que han alcanzado fama como “las águilas”.
Las águilas se han convertido en el terror de los almacenes y centros comerciales de la ciudad, pues sus estrategias de ataque y saqueo nunca fallan, a lo que le ponen el ojo, sale del establecimiento, así tengan que recurrir al uso de cobertores de bebés, cobijas, sacos, ropa ancha, chaquetas y ruanas por mencionar los más visibles.
Según el relato de Luz Marina, las Águilas ya han tenido más de una generación, y no duda en confesar que sus hijas las han comandado. Debo entender que esta señora se encontraba en la clausura del Programa y en medio de tanto comunicador y periodista, le pareció gracioso contar con cierto cinismo, como ella ha ilustrado a dos generaciones en la tarea de hurtar en establecimientos comerciales de la ciudad.
Repetía Luz Marina que ella no tuvo más opción que salir a tomar lo ajeno, de lo contrario sus hijos tendrían que aguantar hambre. Menciona en la entrevista al agente de la Policía Galindo , quien se ha compadecido de su situación e incluso dice que él le ayudó para comprar mercancía y venderla en la calle, pero tampoco pudo tomar ese rumbo, pues fue perseguida por los funcionarios de espacio público y hasta ahí la iniciativa.
Pero una cosa queda clara al escuchar esta entrevista. Luz Marina tiene alma y espíritu delincuencial. Muchos hijos, entorno miserable y sus necesidades básicas insatisfechas. ¿Solución? Convencer a sus hijos que hurtar y trabajar son sinónimos. Enseñar los trucos para mimetizarse, camuflarse, guardarse, escurrirse y finalmente escaparse de un escenario donde ha podido apropiarse de un artículo sin que nadie se percate de la situación.
Suena gracioso cuando dice: “los agentes de la policía ya nos reconocen y advierten: ojo que son las “Águilas” y vienen a lo suyo. Se le percibe cierto tono de satisfacción por su fama, reconoce que no se arrepiente, que le gusta y lo hace porque a eso la ha el Estado que no le da opciones.
En ese orden de ideas, el problema para reintegrar a más de un hijo de Luz Marina que estuvo dentro del programa, y que tienen tan cimentada la cultura de los antivalores, no será con un curso de lúdica y recreación de tres meses. Esta situación amerita un trabajo serio e interdisciplinario en las zonas más deprimidas de la ciudad, un conocimiento cabal de sus necesidades básicas, estudios y análisis de personalidades, para adelantarse a las preferencias de estas generaciones que ven en el delito una opción válida de supervivencia.
Mientras esto ocurre, los ibaguereños nos encontramos impávidos ante el alarmante crecimiento de la delincuencia juvenil, sin que las autoridades puedan tomar el control de la situación.
