martes, 24 de agosto de 2010

LA PEDAGOGIA DEL DELITO

“Jóvenes a lo bien” es un programa, establecido por la Dirección General del SENA y la Policía Nacional,  su principal objetivo es el de comenzar un  proceso de formación en el área de Emprendimiento en los sectores socialmente más deprimidos en el  Tolima. Se comienza con aproximadamente 200 personas de los  barrios Cerro Gordo y el Arado en Ibagué. Además se complementa con actividades lúdicas y recreativas. Después de realizado el programa que tiene una duración de tres meses, los participantes reciben su respectiva certificación y simbólicamente el pasaporte para un reintegro digno a la sociedad.

 A propósito del programa y como un testimonio vivo de la meta alcanzada, se escuchó a través de diferentes noticieros radiales,  la entrevista que concedió  Luz Marina Salguero una mujer que no pasa de los 48 años, según ella madre de 16 niños y niñas, cosa que no creo, más bien lo dice para justificar y reclamar que a falta de políticas de Estado, llámense educación, empleo, recreación, vivienda digna entre otros,  ella no ha tenido más opción que dedicarse a ser la maestra del delito para sus hijos, entre los que se cuentan bebés de dos meses, hombres y mujeres de 25 años y que han alcanzado fama como “las águilas”.

Las águilas se han convertido en el  terror de los almacenes y centros comerciales de la ciudad, pues sus estrategias de ataque y saqueo  nunca fallan, a lo que le ponen el ojo,  sale del  establecimiento, así tengan que recurrir al uso de cobertores de bebés,  cobijas, sacos, ropa ancha, chaquetas y  ruanas por mencionar los más visibles.

Según el relato de Luz Marina, las Águilas ya han tenido más de una generación, y no duda en confesar que sus hijas las han comandado.  Debo entender que esta señora se encontraba en la clausura del Programa y en medio de tanto comunicador y periodista, le pareció gracioso contar con cierto cinismo, como ella ha ilustrado a dos generaciones en la tarea de hurtar en establecimientos comerciales de la ciudad.

Repetía Luz Marina que ella no tuvo más opción  que salir a tomar lo ajeno, de lo contrario sus hijos tendrían que aguantar  hambre. Menciona en la entrevista  al agente de la Policía Galindo, quien  se ha compadecido de su situación e incluso dice que él le ayudó para comprar mercancía y venderla en la calle, pero tampoco pudo tomar ese rumbo, pues  fue perseguida por los funcionarios de espacio público y hasta ahí la iniciativa.

Pero una cosa queda clara al escuchar esta entrevista. Luz Marina tiene alma y espíritu delincuencial. Muchos hijos, entorno miserable y sus necesidades básicas  insatisfechas. ¿Solución? Convencer a sus hijos que hurtar y trabajar son sinónimos. Enseñar los trucos para mimetizarse, camuflarse, guardarse, escurrirse y finalmente escaparse de un escenario donde ha podido apropiarse de un artículo sin que nadie se percate de la situación.

Suena gracioso cuando dice: “los agentes de la policía ya nos reconocen y advierten: ojo que son las “Águilas” y vienen a lo suyo. Se le percibe cierto tono de satisfacción por su fama, reconoce que no se arrepiente, que le gusta y lo hace porque a eso la ha el Estado que no le da opciones.

En ese orden de ideas, el problema para reintegrar a más de un hijo de Luz Marina que estuvo dentro del programa, y que tienen tan cimentada la cultura de  los antivalores, no será con un curso de lúdica y recreación de tres meses. Esta situación amerita un trabajo serio e interdisciplinario en las zonas más deprimidas de la ciudad, un conocimiento cabal de sus necesidades básicas, estudios y análisis de personalidades, para adelantarse a las preferencias de estas generaciones que ven en el delito una opción válida de supervivencia.

Mientras esto ocurre, los ibaguereños nos encontramos impávidos ante el alarmante crecimiento de la delincuencia juvenil, sin que las autoridades  puedan tomar el control de la situación.  

viernes, 13 de agosto de 2010

¿Cuál Espacio Público?

Espacio Público es un concepto  contemporáneo para  “satisfacer las necesidades urbanas colectivas que trascienden los límites de los intereses individuales”, que tiene una especial dimensión social, cultura y política. Que lo encontramos en calles, andenes, plazas, carreteras, parques, estaciones y bibliotecas entre otros. Habermas filósofo y sociólogo alemán, describe el espacio público como ese lugar donde los hombres razonables ocupan un espacio y que éste es controlado por las autoridades, para que no se desdibuje su objetivo de interacción y convivencia ciudadana.

  CARRERA 3a. DE IBAGUE
Interesante concepto, cuando lo contrastamos con la realidad de Ibagué, que crece así sea por ley de gravedad y nos duele a todos ver  como se cambian los hábitos y costumbres de sus  habitantes.

El  espacio público es una problemática que recorre la geografía del país,  pero se agudiza en aquellas que tienen altos índices de desempleo como Ibagué y a eso agréguele pobreza y miseria que son el resultado de lo primero.  Suficientemente se ha pronunciado la corte constitucional, recomendando a las administraciones y autoridades
Observar la realidad de cada una de las personas que ejercen el comercio informal en los espacios públicos.  Por ejemplo hablemos de un censo serio y confiable que permita identificar quien es esa persona que ejerce la actividad, cómo es su entorno familiar, que responsabilidades tiene y finalmente cuál es su perfil laboral.

No nos digamos mentiras, detrás de todas esas personas que vemos en la calle, sabemos que de una misma familia hay fácilmente entre ocho o diez miembros. Se vuelve una cadena de valor indispensable para la supervivencia de esos núcleos familiares.

Lamentablemente una de las fórmulas planteadas por la Corte es la de ofreceré garantías a los informales y facilitar una reubicación para que ejerzan su actividad de una manera digna y organizada. Cunden los malos ejemplos como el del centro comercial López Galarza,  que con disponibilidad de 242 locales, sólo pudo adjudicar 235 y de esos escasamente se ocupan 45, del resto ni hablar, entregados pero no ocupados, y los ocupados no pagan. Terminó siendo más grave la medicina que el mal.
En Cartagena ocurrió algo similar, pero allá no los reubicaron los indemnizaron con siete millones a cada uno de los vendedores plenamente identificados como informales. A los pocos meses estaban nuevamente en la calle vendiendo. Conclusión fórmulas no efectivas.
Los estudios, sondeos y encuestas muestran que en Ibagué una de las formas preferidas de supervivencia son la mendicidad y la venta informal, por eso yo no creo en las caída del índice de desempleo en Ibagué, lo que pasa es que cambia de cuadrante y se refleja en el vendedor informal regado por las calles y ándenes, el rebusque en los semáforos, el trueque en las plazas, el cambalache en los negocios  y la mendicidad en parques, iglesias, ándenes, restaurantes, cafeterías entre otros.
Ocupadísima ha estado la Corte Constitucional atendiendo las tutelas que buscan preservar los derechos fundamentales de los vendedores ambulantes al  trabajo, al mínimo vital, al debido proceso y a la confianza legítima que se configura con las siguientes pruebas: carnés, licencias, permisos y autorizaciones concedidas por la administración, promesas incumplidas y demás actos administrativos expedidos por autoridades competentes de los que se haya derivado expectativa favorable para el vendedor.
A mediados de los 99  la Sentencia Unificada-360  de la Corte Constitucional, señaló que:“…las autoridades no pueden apuntar a un solo objetivo de carácter policivo en el momento en que se deciden a cambiar las condiciones que han generado ellas mismas, para el ejercicio de una actividad o para la ocupación de zonas de uso público, porque ellas son, por mandato constitucional, también las responsables de las alternativas que en este sentido se puedan desplegar para darle solución a los problemas sociales de sus propias localidades. En ese sentido no pueden buscar culpables solo en los usurpadores del espacio público sino en su propia desidia en la búsqueda de recursos efectivos en la solución de problemas sociales. Sea cual fuere la responsabilidad, la actuación de las autoridades policivas tiene que ser razonable.”
Y sobre la confianza legítima expreso: “La denominada confianza legítima tiene su sustento en el principio general de la buena fe. Si unos ocupantes del espacio público, creen, equivocadamente claro está, que tienen un derecho sobre aquél porque el Estado no solamente les ha permitido sino facilitado que ejecuten actos de ocupación, y han pasado muchos años en esta situación que la Nación y el Municipio contribuyeron a crear, es justo que esos ocupantes no queden desamparados porque estamos en un Estado social de derecho. Pero, es necesario aclarar, la medida de protección que se dé no equivale a INDEMNIZACION ni a REPARACION, como tampoco es un desconocimiento del principio de interés general.”
En ese orden de ideas, será muy difícil que la administración garantice la recuperación del espacio público, y eso lo saben  los grandes mayoristas  que surten con sus baratijas a los informales,  ellos siguen sin ningún problema,  no les afecta  el  decreto 091 del 2005 que prohíbe a los transeúntes la compra de elementos a los vendedores ambulantes, ellos seguirán surtiendo y llenando las calles de hombres y mujeres que nunca aspirarán a un empleo formal, y que seguirán gambeteando con los policías y los funcionarios  de la Alcaldía, para mantener  esos pesitos diarios de miseria. 

Ojala,  algún día llegue a la administración un alcalde que se interese por conocer el verdadero origen de las mercancías que inundan la ciudad, que los operativos de decomiso sean con los que  mayoristas que compran originalmente y no con los más débiles que revenden. Intentar la creación de una mesa de diálogo y concertación con estos señores mayoristas y formular una alternativa de trabajo digno sin atentar contra el espacio público de la ciudad, de lo contrario seguiremos buscando el ahogado río arriba.