LA MENDICIDAD INFANTIL EN LOS SEMAFOROS

Hablan los medios de comunicación sobre las acciones que pretende implementar el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, a propósito de la mendicidad infantil en los semáforos de todo el país. La noticia se da por la visita de
Recoge el corazón ver los niñas y los niños indígenas, con sus figuritas menudas de la desnutrición, su mirada triste y lánguida, sus píes descalzos y callosos. Su ropita sucia y maloliente, arriesgando sus vidas al cruzar las calles en busca de una moneda. Sentados o acostados en los ándenes, esperando la caridad de los transeúntes y conductores que por allí pasan. A medio día apiñados en las calles, pidiendo sobras en los restaurantes en condiciones infrahumanas.
Es común ver a un grupo de desplazados, con carteles hechos a mano con la leyenda “somos desplazados, ayúdenos”. Cuando el señor se para a pedir, uno mira para el separador de la vía y a escasos metros está, quien supuestamente debe ser su esposa o compañera, con dos o tres niños que esperan la solidaridad de los conductores que por la vía transitan. Por estos día vemos a un señor que se cruza a los semáforos con un bulto en los brazos en lo que parece un bebecito. Para ellos esa es una forma de sensibilizar a los que por allí pasan.Frente a este cuadro yo he reaccionado, preguntándole al señor por qué arriesga la vida del niño, la señora que escucha mi comentario me mira rayado y cuando vuelvo a pasar en mi vehículo por ese lugar, hacen como sino me vieran. Cuando uno comenta con los amigos y conocidos la situación, recibe testimonios como el de la señora que le dice al niño “qué haces a esta hora pidiendo limosna, dónde están tus papás y el niño responde: a usted que le importa vieja hp”. Ese menor ya está amoldado y parece gustarle ese mundo de aventura y bullicio en la que se convierte su día a día.
En el semáforo de la quince con quinta, se ubican unos niños de siete u ocho años, con la disculpa de vender chicles a cien pesos la cajita. Pero cuando usted no le compra, entonces le piden una monedita.
El Bienestar Familiar y Tampoco es un secreto, que existen bandas organizadas de mendicidad que reclutan personal y distribuyen mendigos de todas las edades en la mañana y en sitios estratégicos de la ciudad, en la tarde los recogen para cuantificar los ingresos del día, en un negocio que supera los ingresos de personas informales, formales y hasta de profesionales.
Si el Instituto Colombiano hiciera más trabajo de campo, conocería de primera mano una situación que es visible para los ibaguereños y que hasta se vuelve costumbre pasar e ignorar una problemática social, de la cual no podemos sustraernos y actuar como sujetos pasivos.
Debe procurarse que exista que un censo de todas las personas que se dedican a esta actividad, para conocer su origen, su destino y ante todo cuál es su domicilio y verdaderas necesidades. Pero lo más importante rescatar a los niños y niñas de este flagelo que termina acabando con sus sueños de infancia y su futuro de adultos, en una sociedad que los quiere realizados, educados y productivos.
