martes, 26 de octubre de 2010

UN MAL SIN REMEDIO
Satanizadas están las relaciones del Estado con los contratistas.  En un país tan centralista como éste, viene bien  el ejemplo de comenzar a destapar desde la capital,  lo turbio en la contratación de obras en la administración de Samuel Moreno, que según el ex candidato Gustavo Petro, violó los principios del Polo Democrático de cero corrupción.

Si por la capital llueve por el resto del país no escampa. En tema de contratación, Miguel Nule, rompió el código de silencio que mantienen los que celebran contratos con el Estado. Aquellos que van a un despacho que tiene otro despachito y donde se negocian todos los ítems de la contratación, incluido el de las comisiones.

Advierte el ex candidato Gustavo Petro, al entregar a la Corte Suprema de Justicia el documento de 97 páginas en el que menciona las presuntas irregularidades en la contratación de obras en Bogotá “el caso de la ciudad es una señal de alerta por lo que podría estar pasando en el resto del país”. Claro que es  peor  en el resto de ciudades. Lo que pasa es que nadie abre la boca donde toca, solo se escuchan comentarios subidos de tono, como por ejemplo que la oficina de contratos de la gobernación  del Tolima está en la plaza de la 28.  Se dice a soto voche que  se manejan cuentas en paraísos fiscales en el exterior, las malas lenguas hablan de Panamá y Miami. 

Por los lados de la Alcaldía de Ibagué el panorama no es mejor, porque los  calumniadores comentan que el alcalde  ya tiene recursos suficientes para comprar apartamentos fuera de la ciudad y los más perversos dicen que en asocio con una hermana, construirán una clínica en Bogotá. Una cosa es la sabiduría popular y otra la inventiva popular,  que definitivamente no tienen límites. Que más quisiera uno que todo fuera producto de mentes maquiavélicas y perversas, porque los tolimenses no merecemos sumarle a nuestro atraso social y económico, costumbres y actos de corrupción por parte de sus gobernantes y  colaboradores.

En este país  casi nadie denuncia. Poco se investiga y mucho se precluye. Las contralorías, las procuradurías, las fiscalías y todas las ías, poco o nada hacen por investigar y destapar casos como éste, que se conoce porque el empresario Miguel Nule, sabe Dios porque motivos decide contar –para los afectados inventar- que se pidió comisión para el hermano del alcalde de Bogotá y a la vez para el contralor del Distrito. Generalmente en estos casos vienen reacciones como las que denuncia Gustavo Pedro, que ya fue amenazado por los Moreno Rojas que como sea, lo llevaran a la cárcel. Todo por atreverse a denunciar.

Definitivamente se requiere valentía  y coraje para denunciar, cuando nuestra democracia es de bolsillo y de estómago. Es de mala educación hablar con los bolsillos llenos o las cuentas bancarias con  saldo en negro. Lo último que se pierde es la esperanza de poder elegir gobernantes pulcros e  inmaculados, de quienes nadie,  se atreva a hacer un comentario venenoso o malintencionado de cómo manejan los recursos públicos, que para los honestos son sagrados.

Pero mientras no se presente una denuncia ante las instancias respectivas y se surta un debido proceso frente a estas situaciones, seguiremos pensando que estamos gobernados por hombres probos y honestos, que descienden de familias con valores y principios, que juraron gobernar y administrar acatando la Constitución y las leyes. Quiera Dios que así sea.

jueves, 14 de octubre de 2010

AMO A IBAGUE
                                                     
A comienzos de los años sesenta llegan a Ibagué mis padres, con tres niñas y dos niños. En ese grupo,  era yo  la segunda hija del matrimonio. Desplazados por violencia que por esa época vivía el norte del Valle del Cauca, específicamente el municipio de Versalles.  Ibagué no me vio nacer, pero si me ha visto crecer física, sicológica y profesionalmente, razones suficientes para  prodigarle amor y respeto.
IGLESIA DEL CARMEN DE IBAGUE

Comencé mi vida laboral  en la Cámara de Comercio, ahí aprendí cómo  interactuaban y se desempeñaban las fuerzas vivas de la ciudad. Presencié el nacimiento del Comité de Gremios del Tolima. Las Juntas Directivas  que en ese entonces, estaban conformadas por empresarios de talla mayor, señores de alta respetabilidad y con una especial formación empresarial, debo decir en su gran mayoría sin título profesional, pero que con la sabiduría y experiencia que exhibían de su actividad empresarial y comercial, fácilmente soportaban la  equivalencia para un título profesional.

En  mis  doce años de trabajo, en el ya desaparecido periódico 7 días, puse especial empeño en desarrollar proyectos que aportaran al conocimiento de la ciudad y la región. Cuando se realizaban los proyectos de Prensa Escuela, era normal que una madre de familia de escasos recursos, se acercara a decir, que con los proyectos didácticos que publicaba el periódico su hijo podía hacer las tareas, pues ella no contaba con los recursos necesarios para invertir en libros. Desde la gerencia del período pude crear proyectos editoriales con énfasis en turismo y región.

He consolidado mi amor por Ibagué y me mortifican los personajes que pregonan amor por la ciudad y pontifican sobre ella, pero  tienen actitudes que contradicen sus expresiones como por ejemplo, ninguna universidad de Ibagué les sirve para la educación de sus hijos, se sabe de mucho ibaguereño se va para la Capital de compras. Nada de lo que se tiene en la ciudad satisface sus necesidades básicas. Los cerebros fugados que ya tienen sus vidas organizadas en otras ciudades y llegan de visita a criticar, lo que en el pasado les parecía chirriado, ahora es  aburridor y pueblerino.  

Me incomoda sobre manera,  la gente que ensucia la ciudad, arrojando basura a la calle, desde sus casas o sus vehículos, los que permiten que sus mascotas hagan sus gracias en calles, jardines y ándenes. Me entristecen las condiciones en que está la carrera tercera. Es un muladar. Quisiera que algún Alcalde entendiera lo que para la ciudad significa,  el potencial ecológico y deportivo que se puede proyectar al país desde el Parque Deportivo. Por eso desde la emisora Ondas de Ibagué, divulgamos campañas que invitan a la convivencia y al amor por la ciudad.

De los 460 años de Ibagué he  disfrutado 50 y los he vivido con entusiasmo y fervor, sin perder la esperanza de que cada día será mejor, que a pesar de los problemas, muchos de ellos comunes en casi todas las otras ciudades el país, Ibagué es  acogedora, menos contaminada y no nos digamos mentiras, esta aldea global, que cada día interactúa más, promete un futuro más innovador y se puede vislumbrar que las próxima generaciones le darán valor agregado a esa marca de ciudad musical y prometen aplicar una verdadera cultura de valores en lo social, político y ecológico. Hija  adoptiva pero ibaguereña hasta los tuétanos. 

miércoles, 6 de octubre de 2010

LA CAUSA DE TODOS LOS MALES

Para el escritor tolimense William Ospina  “la violencia, la miseria y la descomposición social en Colombia, tienen su causa en la falta de grandeza de la dirigencia nacional que no ha sido capaz de dignificar al país”.

La dirigencia que menciona  el escritor, es preciso desglosarla en política, gremial, religiosa, intelectual y civil. El hace parte de la dirigencia intelectual, porque es un equipo donde todos los actores tienen su cuota de responsabilidad.  Y también es necesario clasificar esta dirigencia de lo local a lo nacional.

Es notoria la pobreza intelectual y  escaso liderazgo de los dirigentes  políticos locatarios. El Concejo Municipal es escenario de bochornosos incidentes entre los cabildantes. Insultos, apodos, indirectas, peleas, rifas burocráticas, son entre otros algunos de los acontecimientos de mayor impacto ante la comunidad,  que no ve  debates significativos que incidan  en los  cambios y la  transformación de la ciudad. Las Asambleas que ya no deberían existir, no hacen falta para nada, sólo para acabar con los recursos que mejor destinación tendrían en programas y proyectos que signifiquen obras, progreso,  desarrollo en  sus  regiones y calidad de vida para sus habitantes.  Los políticos de talla nacional, una vez  en sus curules poco vienen  a la región. Llegan en las camionetas blindadas y los escolta que pagamos todos los colombianos, justo  en épocas de elecciones a buscar más incautos. También es frecuente escucharlos a través de los medios de comunicación, criticando o cuestionando a sus opositores.  Nuestros Senadores y Representantes a la Cámara, por lo general  no son portadores de buenas  noticias en lo que hace referencia a planes y programas nacionales que beneficien al Tolima. Van al Congreso a  calentar silla y a esperar la pensión. Para nadie es un secreto que en esa materia el departamento no sale bien librado frente al descalabro, que a lo largo de cuatro décadas han significado sus dirigentes políticos. Coherente con la mala imagen que para los colombianos mantiene toda su clase política, donde no se salva nadie.

Ibagué a diferencia de otras ciudades del país, tiene una dirigencia gremial “sui generis”.  No se percibe como un gremio fuerte y consolidado,  que le permita alcanzar grandes objetivos frente a instancias nacionales o internacionales. La dirigencia local, no tiene unidad ni de estrategias, ni de integrantes. Por muchos años es notoria la realización de esfuerzos aislados frente a un tema común. Mantiene vigencia el mal chiste “los gremios de Ibagué sólo se unen  para ir a  Bogotá, cuando hay que ir a pedir la cabeza o el puesto de alguien que no este dentro de sus preferencias o simpatías”. Ante sus ojos pasa una ciudad que involuciona, tampoco han sido capaces de  dignificar la región.

La dirigencia religiosa pasa de agache. Poco o nada  se pronuncia  frente a problemas dónde tienen cabida sus posiciones y opiniones como una manera de encauzar soluciones, como por ejemplo la mendicidad y el maltrato infantil callejeros que presenciamos los ibaguereños.

La dirigencia intelectual en el Tolima, no hace presencia. En ocasiones participa en foros o talleres pero mantiene un perfil bajo, porque sus miembros generalmente descreen de sus  políticos, de sus líderes gremiales y religiosos. Chévere una revolución de intelectuales tolimenses haciendo pedagogía  sobre muchos temas que algunos mortales no asimilamos bien.  Interesante que fuera liderada por William Ospina.

La dirigencia civil,  que cuenta con miles de ciudadanos, en esta situación es la más pasiva. No ha tomado conciencia del importante papel que puede jugar para incidir en las grandes transformaciones que debe vivir el país. Por ejemplo debe ser consciente que no ha hecho  uso de las herramientas que entregó la constitución del 91. Los malos administradores o gobernantes corruptos, deben afrontar la revocatoria de su mandato. En una clara demostración de inconformismo y  proactividad de esta dirigencia..

Con este escenario,  que en otras regiones del país es similar, teniendo claros ejemplos de diferenciación, es cierta la afirmación del escritor que también debe interiorizar su “mea culpa”. La causa de todos los  males en el país es la dirigencia, pero  también es nuestra culpa. Por eso la dirigencia civil debe mostrarse inconforme y  participativa,  impulsar el relevo generacional. Propiciar el descubrimiento de nuevos talentos y crear talleres de innovación y pensamiento creativo como una manera de generar acción, dinamismo y llamar la atención de las otras dirigencias.
LA CAUSA DE TODOS LOS MALES
                                                                                              
Para el escritor tolimense William Ospina  la violencia, la miseria y la descomposición social en Colombia, tienen su causa en la falta de grandeza de la dirigencia nacional que no ha sido capaz de dignificar al país”.

La dirigencia que menciona  el escritor, es preciso desglosarla en política, gremial, religiosa, intelectual y civil. El hace parte de la dirigencia intelectual, porque es un equipo donde todos los actores tienen su cuota de responsabilidad.  Y también es necesario clasificar esta dirigencia de lo local a lo nacional.

Es notoria la pobreza intelectual y  escaso liderazgo de los dirigentes  políticos locatarios. El Concejo Municipal es escenario de bochornosos incidentes entre los cabildantes. Insultos, apodos, indirectas, peleas, rifas burocráticas, son entre otros algunos de los acontecimientos de mayor impacto ante la comunidad,  que no ve  debates significativos que incidan  en los  cambios y la  transformación de la ciudad. Las Asambleas que ya no deberían existir, no hacen falta para nada, sólo para acabar con los recursos que mejor destinación tendrían en programas y proyectos que signifiquen obras, progreso,  desarrollo en  sus  regiones y calidad de vida para sus habitantes.  Los políticos de talla nacional, una vez  en sus curules poco vienen  a la región. Llegan en las camionetas blindadas y los escolta que pagamos todos los colombianos, justo  en épocas de elecciones a buscar más incautos. También es frecuente escucharlos a través de los medios de comunicación, criticando o cuestionando a sus opositores.  Nuestros Senadores y Representantes a la Cámara, por lo general  no son portadores de buenas  noticias en lo que hace referencia a planes y programas nacionales que beneficien al Tolima. Van al Congreso a  calentar silla y a esperar la pensión. Para nadie es un secreto que en esa materia el departamento no sale bien librado frente al descalabro, que a lo largo de cuatro décadas han significado sus dirigentes políticos. Coherente con la mala imagen que para los colombianos mantiene toda su clase política, donde no se salva nadie.

Ibagué a diferencia de otras ciudades del país, tiene una dirigencia gremial “sui generis”.  No se percibe como un gremio fuerte y consolidado,  que le permita alcanzar grandes objetivos frente a instancias nacionales o internacionales. La dirigencia local, no tiene unidad ni de estrategias, ni de integrantes. Por muchos años es notoria la realización de esfuerzos aislados frente a un tema común. Mantiene vigencia el mal chiste “los gremios de Ibagué sólo se unen  para ir a  Bogotá, cuando hay que ir a pedir la cabeza o el puesto de alguien que no este dentro de sus preferencias o simpatías”. Ante sus ojos pasa una ciudad que involuciona, tampoco han sido capaces de  dignificar la región.

La dirigencia religiosa pasa de agache. Poco o nada  se pronuncia  frente a problemas dónde tienen cabida sus posiciones y opiniones como una manera de encauzar soluciones, como por ejemplo la mendicidad y el maltrato infantil callejeros que presenciamos los ibaguereños.

La dirigencia intelectual en el Tolima, no hace presencia. En ocasiones participa en foros o talleres pero mantiene un perfil bajo, porque sus miembros generalmente descreen de sus  políticos, de sus líderes gremiales y religiosos. Chévere una revolución de intelectuales tolimenses haciendo pedagogía  sobre muchos temas que algunos mortales no asimilamos bien.  Interesante que fuera liderada por William Ospina.

La dirigencia civil,  que cuenta con miles de ciudadanos, en esta situación es la más pasiva. No ha tomado conciencia del importante papel que puede jugar para incidir en las grandes transformaciones que debe vivir el país. Por ejemplo debe ser consciente que no ha hecho  uso de las herramientas que entregó la constitución del 91. Los malos administradores o gobernantes corruptos, deben afrontar la revocatoria de su mandato. En una clara demostración de inconformismo y  proactividad de esta dirigencia..

Con este escenario,  que en otras regiones del país es similar, teniendo claros ejemplos de diferenciación, es cierta la afirmación del escritor que también debe interiorizar su “mea culpa”. La causa de todos los  males en el país es la dirigencia, pero  también es nuestra culpa. Por eso la dirigencia civil debe mostrarse inconforme y  participativa,  impulsar el relevo generacional. Propiciar el descubrimiento de nuevos talentos y crear talleres de innovación y pensamiento creativo como una manera de generar acción, dinamismo y llamar la atención de las otras dirigencias.