jueves, 14 de octubre de 2010

AMO A IBAGUE
                                                     
A comienzos de los años sesenta llegan a Ibagué mis padres, con tres niñas y dos niños. En ese grupo,  era yo  la segunda hija del matrimonio. Desplazados por violencia que por esa época vivía el norte del Valle del Cauca, específicamente el municipio de Versalles.  Ibagué no me vio nacer, pero si me ha visto crecer física, sicológica y profesionalmente, razones suficientes para  prodigarle amor y respeto.
IGLESIA DEL CARMEN DE IBAGUE

Comencé mi vida laboral  en la Cámara de Comercio, ahí aprendí cómo  interactuaban y se desempeñaban las fuerzas vivas de la ciudad. Presencié el nacimiento del Comité de Gremios del Tolima. Las Juntas Directivas  que en ese entonces, estaban conformadas por empresarios de talla mayor, señores de alta respetabilidad y con una especial formación empresarial, debo decir en su gran mayoría sin título profesional, pero que con la sabiduría y experiencia que exhibían de su actividad empresarial y comercial, fácilmente soportaban la  equivalencia para un título profesional.

En  mis  doce años de trabajo, en el ya desaparecido periódico 7 días, puse especial empeño en desarrollar proyectos que aportaran al conocimiento de la ciudad y la región. Cuando se realizaban los proyectos de Prensa Escuela, era normal que una madre de familia de escasos recursos, se acercara a decir, que con los proyectos didácticos que publicaba el periódico su hijo podía hacer las tareas, pues ella no contaba con los recursos necesarios para invertir en libros. Desde la gerencia del período pude crear proyectos editoriales con énfasis en turismo y región.

He consolidado mi amor por Ibagué y me mortifican los personajes que pregonan amor por la ciudad y pontifican sobre ella, pero  tienen actitudes que contradicen sus expresiones como por ejemplo, ninguna universidad de Ibagué les sirve para la educación de sus hijos, se sabe de mucho ibaguereño se va para la Capital de compras. Nada de lo que se tiene en la ciudad satisface sus necesidades básicas. Los cerebros fugados que ya tienen sus vidas organizadas en otras ciudades y llegan de visita a criticar, lo que en el pasado les parecía chirriado, ahora es  aburridor y pueblerino.  

Me incomoda sobre manera,  la gente que ensucia la ciudad, arrojando basura a la calle, desde sus casas o sus vehículos, los que permiten que sus mascotas hagan sus gracias en calles, jardines y ándenes. Me entristecen las condiciones en que está la carrera tercera. Es un muladar. Quisiera que algún Alcalde entendiera lo que para la ciudad significa,  el potencial ecológico y deportivo que se puede proyectar al país desde el Parque Deportivo. Por eso desde la emisora Ondas de Ibagué, divulgamos campañas que invitan a la convivencia y al amor por la ciudad.

De los 460 años de Ibagué he  disfrutado 50 y los he vivido con entusiasmo y fervor, sin perder la esperanza de que cada día será mejor, que a pesar de los problemas, muchos de ellos comunes en casi todas las otras ciudades el país, Ibagué es  acogedora, menos contaminada y no nos digamos mentiras, esta aldea global, que cada día interactúa más, promete un futuro más innovador y se puede vislumbrar que las próxima generaciones le darán valor agregado a esa marca de ciudad musical y prometen aplicar una verdadera cultura de valores en lo social, político y ecológico. Hija  adoptiva pero ibaguereña hasta los tuétanos.