Para el escritor tolimense William Ospina “la violencia, la miseria y la descomposición social en Colombia, tienen su causa en la falta de grandeza de la dirigencia nacional que no ha sido capaz de dignificar al país”.
La dirigencia que menciona el escritor, es preciso desglosarla en política, gremial, religiosa, intelectual y civil. El hace parte de la dirigencia intelectual, porque es un equipo donde todos los actores tienen su cuota de responsabilidad. Y también es necesario clasificar esta dirigencia de lo local a lo nacional.
Es notoria la pobreza intelectual y escaso liderazgo de los dirigentes políticos locatarios. El Concejo Municipal es escenario de bochornosos incidentes entre los cabildantes. Insultos, apodos, indirectas, peleas, rifas burocráticas, son entre otros algunos de los acontecimientos de mayor impacto ante la comunidad, que no ve debates significativos que incidan en los cambios y la transformación de la ciudad. Las Asambleas que ya no deberían existir, no hacen falta para nada, sólo para acabar con los recursos que mejor destinación tendrían en programas y proyectos que signifiquen obras, progreso, desarrollo en sus regiones y calidad de vida para sus habitantes. Los políticos de talla nacional, una vez en sus curules poco vienen a la región. Llegan en las camionetas blindadas y los escolta que pagamos todos los colombianos, justo en épocas de elecciones a buscar más incautos. También es frecuente escucharlos a través de los medios de comunicación, criticando o cuestionando a sus opositores. Nuestros Senadores y Representantes a la Cámara , por lo general no son portadores de buenas noticias en lo que hace referencia a planes y programas nacionales que beneficien al Tolima. Van al Congreso a calentar silla y a esperar la pensión. Para nadie es un secreto que en esa materia el departamento no sale bien librado frente al descalabro, que a lo largo de cuatro décadas han significado sus dirigentes políticos. Coherente con la mala imagen que para los colombianos mantiene toda su clase política, donde no se salva nadie.
Ibagué a diferencia de otras ciudades del país, tiene una dirigencia gremial “sui generis”. No se percibe como un gremio fuerte y consolidado, que le permita alcanzar grandes objetivos frente a instancias nacionales o internacionales. La dirigencia local, no tiene unidad ni de estrategias, ni de integrantes. Por muchos años es notoria la realización de esfuerzos aislados frente a un tema común. Mantiene vigencia el mal chiste “los gremios de Ibagué sólo se unen para ir a Bogotá, cuando hay que ir a pedir la cabeza o el puesto de alguien que no este dentro de sus preferencias o simpatías”. Ante sus ojos pasa una ciudad que involuciona, tampoco han sido capaces de dignificar la región.
La dirigencia religiosa pasa de agache. Poco o nada se pronuncia frente a problemas dónde tienen cabida sus posiciones y opiniones como una manera de encauzar soluciones, como por ejemplo la mendicidad y el maltrato infantil callejeros que presenciamos los ibaguereños.
La dirigencia intelectual en el Tolima, no hace presencia. En ocasiones participa en foros o talleres pero mantiene un perfil bajo, porque sus miembros generalmente descreen de sus políticos, de sus líderes gremiales y religiosos. Chévere una revolución de intelectuales tolimenses haciendo pedagogía sobre muchos temas que algunos mortales no asimilamos bien. Interesante que fuera liderada por William Ospina.
La dirigencia civil, que cuenta con miles de ciudadanos, en esta situación es la más pasiva. No ha tomado conciencia del importante papel que puede jugar para incidir en las grandes transformaciones que debe vivir el país. Por ejemplo debe ser consciente que no ha hecho uso de las herramientas que entregó la constitución del 91. Los malos administradores o gobernantes corruptos, deben afrontar la revocatoria de su mandato. En una clara demostración de inconformismo y proactividad de esta dirigencia..
Con este escenario, que en otras regiones del país es similar, teniendo claros ejemplos de diferenciación, es cierta la afirmación del escritor que también debe interiorizar su “mea culpa”. La causa de todos los males en el país es la dirigencia, pero también es nuestra culpa. Por eso la dirigencia civil debe mostrarse inconforme y participativa, impulsar el relevo generacional. Propiciar el descubrimiento de nuevos talentos y crear talleres de innovación y pensamiento creativo como una manera de generar acción, dinamismo y llamar la atención de las otras dirigencias.