El mundo futbolístico se sorprendió con la actitud de Khalid Askri, portero de la liga árabe de fútbol, quien en menos de un mes cometió dos errores de grueso calibre para su equipo. Muestra un video que circula en la red, como al momento de un cobro de tiro penalti, Khalid cree haber detenido la pelota y se retira del arco a celebrar. El balón no estaba quieto y ante la mirada atónita del juez central y la expresión expectante del jugador que había cobrado, continuó su trayectoria en cámara lenta para convertirse en gol. En el otro encuentro, se ve el momento en que su compañero de equipo recibe el balón, la pasa al portero, quien en actitud de excesiva confianza, deja que un jugador contrario, tome posesión de ella, dispare al arco y el balón terminé dentro de su red. En ese momento se nota la vergüenza o rabia del portero árabe, quien se coge la cabeza con las manos y sin pensarlo dos veces, se quita su camiseta, y comienza el camino de la retirada del campo de juego. Sus compañeros lo halan y protestan por su decisión. Firme sigue hacia los camerinos, se retira los guantes y le hace gestos a las tribunas de “no voy más”.
En nuestra cultura donde pasa de todo, pero no ocurre nada, es extraño presenciar estas actitudes, que suscitan encrucijada para definirlas como exceso de dignidad o abundancia de vergüenza.
Vienen a mi memoria hechos que han debido tener alguna manifestación de sus responsables, que si bien guarda proporciones con la responsabilidad del portero en mención, podrían denominarse goles que afectan a un territorio y a todo un conglomerado: la caída del puente de Suárez. Nadie renunció. Como fallas en su estructura terminó siendo la explicación, porque los millones que se le habían invertido en fecha anterior, correspondían a trabajos de pintura. En Ibagué el suministro de agua es deficiente. Cuando la ciudad afronta recios aguaceros, los ibaguereños saben que los problemas en la bocatoma son de nunca acabar. De explicaciones manidas y promesas incumplidas no se pasa. El espacio público en Ibagué no existe. El cargo para su manejo, nadie debería aceptarlo porque es un quemadero. O si no vayan y den una vuelta por el centro de la ciudad. Cuando los funcionarios que saben de su abierta participación en política, se hacen los de la vista gorda, y creen que con ellos no es la cosa. Vergonzoso. En el tema de seguridad. Ibagué necesita decisiones contundentes, soluciones grandes y a largo plazo. En Ibagué todavía hay zonas donde la fuerza pública no puede asomar, los atracan. Los campesinos de la zona del Machín, gritan a todo pulmón ¿para que servirán las rutas de evacuación?, si las vías de salida de la zona, están en pésimas condiciones. Dios no vaya a permitir, que como ocurrió con el Nevado del Ruiz, sea una tragedia anunciada y los responsables de estos planes de emergencia, salgan a darse golpes de pecho y no presten la debida atención a un fenómeno que puede desencadenar una gran tragedia para el centro del país. Gobernadores, Alcaldes, Corporaciones Autónomas y Presidencia de la República , la comunidad los tiene en “alerta naranja”. Indignante y vergonzoso. Prestigiosa multinacional que a como de lugar, quiere la explotación del oro en la Colosa de Cajamarca y para ello, compra conciencias, lleva a periodistas y funcionarios de viaje por Suramérica, patrocina todo lo que se le atraviese. Vergonzoso y humillante. Finalmente el escándalo en la Universidad del Tolima, deja ver que están ocurriendo hechos que generan mala imagen al alma máter en su manejo administrativo y financiero. Vergonzoso.
